• María Pía Escobar

EL GRAN OJO



A Leonora Carrington (Lancashire, 1917 - México, 2011) pintora y escritora surrealista, la expulsaron de niña de dos internados católicos; en su juventud, recién terminada la guerra civil española, llegó a Santander; poco después la internaron en un hospital psiquiátrico por alucinaciones y delirios de persecución.

Para ella, detrás de cada acto, propio o ajeno, se escondía un símbolo: al vomitar, por ejemplo, purgaba el mal del mundo; expulsaba la sangre de la guerra.

Por la ausencia del control de la razón; por escarbar más allá, y dar espacio a lo onírico; por su vida y su obra, la trataron de loca.


Por María Pía Escobar

 

Cuentos completos (2020), publicado por Fondo de Cultura Económica, reúne una serie de pinturas y más de veinte relatos, algunos inéditos, habitados por criaturas, vegetación que crece y se desborda; frutas y pasteles; tíos que ríen con la luna; un hombre que mantiene a su esposa muerta y empolla huevos bajo ella; esponjas vivas en una tina; un alma vendida por un kilo de trufas; una hiena que quiere ir a un baile, y caballos, múltiples caballos: bien vestidos y extasiados. Y juegos, zoológicos, seres mitológicos: infinitos símbolos por descifrar.

Leonora se interesó por la cábala y la magia; como ella, sus personajes se entregan a las experiencias sin resistencia. En “El citatorio real” la protagonista es nombrada reina, sin esperarlo; y sin esperarlo, también, por el azar -destino- es escogida para asesinar a su antecesora, la reina que consideran loca. La protagonista no se resiste, solo sigue y camina: acepta. Junto a sus pasos, los animales despiertan; sienten, presagian.

En “La casa del miedo”, un caballo invita a la protagonista a una fiesta en un castillo. Al llegar, la anfitriona propone un juego: “Todos deben contar en reversa, de ciento diez a cinco, lo más rápido posible, mientras meditan en su destino y lamentan por los que se han ido de este mundo antes que ustedes”. La protagonista describe: “Yo me quedé paralizada, esperando que no se diera cuenta de mi presencia, aunque tenía la incómoda sensación de que me veía perfectamente con su gran ojo (solamente tenía uno, pero era seis veces más grande que los ojos normales”. Así seguimos durante veinticinco minutos, hasta qué…”.

Ahí termina; en varios relatos hay finales abiertos, no importa; atraen las capas, las múltiples lecturas; el ojo, el gran ojo que todo lo ve. Frente a lo desconocido, lo no dicho, la incertidumbre, no queda más que abrirlo.

Queda la aceptación.



 

LIBROS RECOMENDADOS



65 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo