• José Miguel Corrales

CABEZAS DE PESCADO SOBRE EL TIEMPO


“I'm rolling thunder, a pouring rain I'm comin' on like a hurricane There's lightning's flashing across the sky You're only young, but you're gonna die” AC/DC



Desde hace unos años vengo citando, a cada rato, un verso de José Emilio Pacheco (1939-2014), poeta mexicano. “En realidad no hay adultos / solo niños envejecidos”. El poema da para conversar mucho, pero pego acá esas líneas para comentar uno de los máximos vicios de la gente del mundo actual: decir que saben mucho por ser viejos.


Por Corrales (!)

 

Por ejemplo, llega alguien y dice: “mira niño, yo, que soy muy viejo porque tengo 60 años, he vivido mucho, por eso te aconsejo esto, esto y lo otro, porque yo soy muy experimentado y he visto tantas cosas en esta vida”. Entonces, digo yo: (1) por qué tienen que darte consejos y (2) 5, 60, 80 o 200 años es muy poco tiempo; una vida es muy poco tiempo y nuestra experiencia vital dentro de la realidad concreta es tan ínfima como un coliforme fecal en la caca de un gato de Tangamandapio.

Ojo, no digo eso porque soy muy viejo y tengo mucha experiencia. Soy un mozuelo de casi 40 años muy consciente de mis limitaciones que se la pasa pensando en los alienígenas que nos observan y que, claramente, tienen otra concepción del tiempo y no se dan tanta importancia como los seres humanos que habitan la tierra, la autodenominada “criatura especial de Dios”.

Dicho lo anterior esta es una reflexión sobre el tiempo. Y justo ahora, mientras escribo esto, me llama mi jefe que me paga 16 dólares la hora para ir a trabajar. Esa es la definición del tiempo más popular. El tiempo es plata.



Frank Zappa decía que sin música el tiempo serían solo plazos para pagar cuentas. No sé si eso sea realmente de Frank Zappa porque lo vi en un meme, pero puede que sea de él porque siempre decía esas frases tipo Groucho Marx. Esa es la definición de tiempo que más me gusta: intervenir el espacio con ritmo, sonidos.

Pitágoras, el filósofo de la Grecia clásica, hablaba de la armonía del cosmos, que todo el universo está regido por música que, a su vez, se traduce en números y matemáticas. Ludwig van Beethoven, uno de los mejores seres humanos que ha pisado el planeta, decía que la música no es más que matemática.




El lenguaje de la ciencia. Matemática. Música. En este momento estoy muy lejos de la idea inicial de este texto: decir que los viejos que dicen que saben mucho por ser viejos, en circunstancias que es bien poco lo que saben, porque haber experimentado tal o cual cosa en sesenta y tantos años son un moco de loro, porque esa gente no sabe que estamos viviendo los coletazos de la caída del imperio romano de occidente que pasó el año 476 d.C (según mis wikiconocimientos). En resumen, si alguien dice eso hay que recordar que es un niño envejecido que se cree muy pulento y lo único que hace es destruir la armonía.



Por otro lado, existen personas bajitas (también llamados niños, niñas y niñes) capaces de expeler sabiduría y consejos. Ni siquiera tienen que hablar para dar consejos: sus tiempos corporales, cómo se mueven por el mundo, ya son un acto digno de admiración que implica un buen consejo. Son súper ridículos los niños índigo, eso sí. Menos mal que no he visto muchos de esos en mi vida.

La humanidad, el homo sapiens sapiens, sabe poco, sabemos muy poco del universo, del más acá y del más allá. Lo mejor es aprender el lenguaje de las ciencias, boys and girls, la matemática te hace entender la música y si uno entiende la música, escuchar a viejos sabelotodo que dan consejos resulta mucho más divertido, musical. Por ejemplo: si se topan con una canción que no les guste, busquen el acento, y cuenten cada cuántos tiempos se repiten (generalmente son 4). Así, con ese simple ejercicio, esa canción latera que se encontraron en la radio se tornará un poco menos tediosa, quizás hasta les empieza a gustar y les dan ganas de bailar al ritmo de la matemática.
 

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